EL PROLETARIADO INTENTA TOMAR EL CIELO POR ASALTO


Hace 130 años el proletariado de París, según Marx, intentó tomar el cielo por asalto. Se volvió insurgente contra el gobierno burgués-monárquico de Thiers y protagonizó la primera experiencia de gobierno proletario y socialista en la historia de la humanidad. A pesar de haberse constituido hace más de un siglo, la Comuna de París de 1871 continua en vigor. Su estudio y conocimiento, asociados a hechos contemporáneos, contribuyen a evidenciar las falacias del fin de la historia y de la victoria definitiva del mercado, mito hábilmente elaborado a partir de la hegemonía de la concepción liberal, identificada actualmente con la barbarie neoliberal.
Acontecimientos dramáticos anteceden y anuncian la insurrección parisiense en 1871 contra la entrega de Francia a las tropas prusianas de ocupación. La revuelta contra la sumisión del gobierno francés a las imposiciones de Bismarck, se transforman en una revolución social, de carácter proletario-popular, conocida como Comuna de París de 1871, que marca con heroísmo y sangre el periodo comprendido entre 18 de marzo, cuando una parte significativa de la población de París se niega a entregar sus armas y a rendirse ante las tropas prusianas, y el trágico final tras de la Semaine sanglant del 28 de mayo, cuando acontece la masacre de los últimos communards, en el cementerio de Pére-Lachaise.

TRADICIÓN REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO

El primer ejemplo histórico de formación de un gobierno de carácter popular, proletario, se produjo en el siglo XIX, en la experiencia conocida como Comuna de París, cuando el proletariado intenta tomar el cielo por asalto. En 18 de marzo de 1871, el proletariado de París no acepta la capitulación del gobierno francés y las imposiciones prusianas, se rebela y pasa a asumir el poder y a controlar la denominada “Ciudad Luz”, reafirmando su tradición revolucionaria. ¿Pero que llevó a esa rebelión contra el gobierno recién salido de las urnas, que tras la derrota de Francia ante el ejército prusiano, negociaba las condiciones para la capitulación, para una “paz negociada”?
Sin tener en cuenta el siglo anterior de la historia francesa, se debe resaltar que la Comuna de París es, a la vez, parte y consecuencia del proceso de la revolución burguesa en Francia, la más radical y larga de todas las revoluciones burguesas, que sólo se consolidó después de transcurrido un siglo de Revolución y Contra-Revolución, cuando después de la masacre de los communards en mayo de 1871, y sin fuerza y alternativa política, la nobleza y el campesinado se adhieren formalmente a la República.
El desencadenamiento y radicalización de este proceso revolucionario tiene como fecha el 14 de julio de 1789, cuando las clases populares, hambrientas, insumisas y armadas, invaden y destruyen la Bastilla, fuerte-prisión símbolo del poder real absolutista. Este acontecimiento marcará profundamente el carácter revolucionario asumido por la lucha de clases en Francia y que significa la irrupción de las clases populares en las disputas políticas, para defender reivindicaciones sintetizadas en libertad, igualdad y fraternidad, lema que fue inicialmente propagado por la burguesía, cuando buscaba el acceso al poder político estatal, pero que, en la práctica, negado irónicamente, de forma sistemática hasta los días actuales, principalmente, a partir de la ofensiva neoliberal y de la tentativa de imposición del predominio absoluto del mercado, con los que hasta los sentimientos más nobles, los derechos sociales y la solidaridad se convierten en mercancías.
La República en Francia se vuelve una bandera del proletariado y de las facciones burguesas, principalmente de la pequeña burguesía jacobina y neo-jacobina. En el periodo posterior a la deflagración del proceso revolucionario burgués, fueron proclamadas tres repúblicas (1792, 1848 y 1870), siendo constituida la tercera a través de una alianza de clases el 4 de septiembre de 1870. Sin embargo, su contenido de clase es distinto: el proletariado ambicionaba conquistar una República social, defensora de sus derechos y reivindicaciones; los republicanos burgueses buscaban, a través de la República, establecer mecanismos “democráticos” que les posibilitase llegar al poder, aliándose o no con otras facciones de las clases propietarias. Incluso haciendo concesiones al proletariado, la República, en lo fundamental, es una forma de organización del poder estatal para asegurar el control del Estado a las clases propietarias. “La democracia para una diminuta minoría, la democracia para los ricos, tal es la democracia en la sociedad capitalista” (LENIN, 1987: 108).
La participación popular es una constante en la historia francesa. El apoyo de los sans-culottes al gobierno jacobino es decisivo para la victoria política y militar de Francia ante la reacción interna, de la coalición de los ejércitos monárquicos europeos, para consolidar las conquistas revolucionarias burguesas, que pasan a partir de aquel momento, a integrar el ideario burgués y a ejercer una significativa influencia en distintos países. En 1830, la insurrección popular es decisiva para dar fin a las tentativas de manutención y restauración del absolutismo monárquico y para la victoria de una monarquía constitucional. Con la derrota de la Restauración monárquica, en 1848, el proletariado irrumpe en la Historia de Francia con identidad política y reivindicaciones propias. Por primera vez, al formarse un gobierno de coalición provisional, los socialistas son elegidos para integrarlo como hecho inédito, cabe destacar que entre ellos se encontraba un obrero.
“Las agitaciones que afligían a Francia eran reflejo de una coyuntura socio-económica generada por los progresos del capitalismo en Europa y por la consecuente organización de los trabajadores, que ya se articulaban internacionalmente para oponerse al proceso creciente de explotación al que estaba sometida la clase obrera. El siglo XIX es prodigioso en transformaciones, pero es extremamente contradictorio en términos de conquistas revolucionarias(…) Pasada la primera mitad del siglo, la consolidación del poder de la burguesía, el capitalismo avanza rápido en la conquista de las nuevas tecnologías y formas de dominación de los trabajadores. La consecuencia de esto serán las innovaciones científicas que posibilitaron un nuevo proceso de transformaciones revolucionarias en la industria.” (CAMPOS FILHO, 1999: 6)
La Comuna de París, posibilita por primera vez, la formación de un gobierno de carácter popular y proletario. Esto ocurre en un momento histórico de afirmación de la sociedad capitalista y del proyecto civilizatorio burgués. La Comuna explicita clara e indiscutiblemente las contradicciones y el carácter clasista de esta sociedad que luchaba para consolidarse. Al mismo tiempo, explicita de forma contundente, que la conquista de la libertad, igualdad y fraternidad, banderas que movían las clases populares hacía más de un siglo, sólo sería posible con la superación de la sociedad de clases, con la destrucción de la sociedad burguesa.
La Comuna se convirtió en un ejemplo y en un símbolo, demostrando que la construcción de una nueva sociedad, fraterna e igualitaria, no es solo una necesidad, sino una posibilidad real y urgente. A partir de entonces, desde el punto de vista histórico, la burguesía, aliada o no a otras clases propietarias y dominantes, asume definitivamente el campo de la contra-revolución, exponiendo y desmantelando, de una vez, el mito brillantemente elaborado e verbalizado, de que la sociedad burguesa-capitalista constituía el coronamiento del desarrollo social y que la historia, en cuanto proceso evolutivo, llegaba a su fin.
La Comuna de París de 1871, desde entonces, pasó a ser un acontecimiento estudiado y analizado por algunos, y “olvidado” y/o minimizado por muchos, que la consideran una iniciativa insignificante, una revuelta y osadía del “populacho” que generó gran desorden en París. Los análisis, opiniones y posiciones se dividen. Inclusive, un significativo número de libros de historia, al abordar la Historia de Francia, no hacen referencia a la Comuna; algunos otros, como mucho, les dedican algunas líneas y los más “progresistas”, un párrafo o algunos parágrafos pequeños.

MISTIFICACIÓN DE LA HISTORIA

En los días actuales, se intenta formar y consolidar, entre partes significativas de la población, la opinión y la idea de que el estudio de la Historia no tiene sentido, esta preocupación se encuentra superada, es una perdida de tiempo y de esfuerzo intelectual. Se argumenta que, en este final e inicio de siglo, de anuncio del Tercero Milenio, ser actual y moderno, o incluso postmoderno, significa identificarse con el individualismo y el irracionalismo metodológicos.
Algunos “mistificadores”, propagan la idea de que la Historia no posee estatuto científico y, que al estudiarla, se debe restringir a la lectura de aspectos y comportamientos individuales y subjetivos, en fin, a hechos pintorescos. Este tipo de concepción intenta imponernos la idea de que llegamos al “fin de la Historia”, que debemos limitarnos a propagar los hechos de los grandes hombres, de reyes y miembros de la elite dominante. Irónicamente pregonan que la “barbarie” neoliberal es sinónimo de democracia, de libertad y que es el objetivo y fin último del desarrollo social de la humanidad. Afirman que no hay alternativas viables que se contrapongan al libre mercado, al “reino” de la mercancía. La lucha y la defensa del ideal igualitario es algo ya superado y arcaico, y está destinado al fracaso. Argumentan que los ejemplos son muchos: el Este Europeo, la ex-URSS, y la crisis y decadencia de las experiencias socialistas.
Por lo tanto, incluso en esta situación adversa, de sumisión por parte de la intelectualidad a este proceso mistificador, existen algunos pocos que por intentar comprender el proceso histórico, no se someten a las tentativas de imposición de la barbarie en grandes parcelas de la población mundial.
Analizando las últimas décadas de la Historia mundial es posible percibir que la implantación del ideario neoliberal, pese a su poderío y a las presiones de la burguesía norte-americana, no consigue destruir y liquidar las diferentes formaciones históricas (económica, social, política, cultural, filosófica) de los pueblos. La ofensiva neoliberal, antagónica al ideario de bien-estar y libertad, no encuentra campo fértil en un número importante de partes de la población, incluso en los países más identificados con los principios liberales, como por ejemplo, Inglaterra y los Estados Unidos.
Así, estudiar y conocer las formaciones históricas de los pueblos es de fundamental importancia, y incluida la necesidad vital de la lucha por una vida más digna. En cada experiencia histórica, por muy particular que sea, es posible detectar puntos de identidad, resumidos sintéticamente en la lucha por una sociedad justa e igualitaria.
En este sentido, el estudio de la experiencia de la Comuna de París de 1871 asume un papel de relieve, no sólo para las clases populares y para el proletariado francés, sino para todos aquellos identificados, de una forma o otra, con la construcción de una nueva sociedad más igualitaria y fraterna.

LOS ANTECEDENTES INMEDIATOS DE LA COMUNA

Los antecedentes inmediatos de la deflagración de la Comuna de París se dan a partir del 1 de septiembre de 1870 con la derrota del “invencible” Ejército imperial francés ante los prusianos, en la Batalla de Sedan, y la rendición y encarcelamiento del Emperador Napoleón III. Así, llega a su fin el II Imperio, construido a partir de 2 de diciembre de 1851, tras el golpe de Estado denominado por Marx el 18 Brumario de Luís Bonaparte.
El 4 de septiembre, las tropas prusianas inician la ocupación de Francia y marchan rumbo a París. Estando el país sin un gobierno legítimo, se crean las condiciones para que la población de París empiece una insurrección popular reivindicando la instalación de la República. Inmediatamente, a través de hábil articulación política de una alianza entre republicanos y monárquicos, se forma un Gobierno Provisional, teniendo como principal personaje el general monárquico Trochu. Organizado el Gobierno de Defensa Nacional, es, inmediatamente, presionado por las clases populares y obligado a entregar armas al proletariado y a organizar la defensa de la capital.
No se puede considerar, por tanto, que la proclamación de la República y la instalación del Gobierno Provisional sea sólo una expresión de victoria de las clases populares, pues los sectores monárquicos y conservadores ocupan la mayoría y los principales cargos del Gobierno. Según Marx: “Esa República no derribó el trono, sino que simplemente ocupó su lugar. Fue proclamada, no como una conquista social, sino como una medida de defensa nacional. Se encuentra en manos de un Gobierno Provisional compuesto, en parte, por notorios orleanistas y en parte, por republicanos burgueses, en algunos de los cuales la insurrección de junio de 1848 dejó su estigma indeleble. La división de las funciones entre los miembros de ese gobierno nada augura de bueno. Los orleanistas se apoderaron de los baluartes del ejército y de la policía, dejando a los que se proclaman republicanos los departamentos retóricos” (MARX, 1977: 178).
La actitud dudosa y las vacilaciones del Gobierno de Defensa Nacional acaba por provocar un cierto vacío político y militar, creando la necesidad y las condiciones necesarias para que la Guarda Nacional, compuesta por proletarios, pase a asumir papel destacado en la organización de la resistencia. El 19 de septiembre de 1870, las tropas prusianas cercan París y no consiguen ocuparla, pues los parisinos presentan heroica resistencia. Al día siguiente, el Gobierno Provisional inicia conversaciones sobre las condiciones prusianas para la paz. Según LISSAGARAY (1991: 46), “El Gobierno de Defensa Nacional pasa a negar-se a organizar la lucha contra las tropas prusianas. El General monárquico Trochu, jefe del Estado-Mayor, declara: “no podemos defendernos; estamos decididos a no defendernos.”. Los miembros de la izquierda republicana en el gobierno pasan a asumir posiciones dudosas: “ahora en el gobierno, ellos gesticulan con la misma capitulación, mandan Thiers mendigar la paz por toda Europa y Jules Favre, a negociar con Bismarck”. Entretanto, París no acepta esta capitulación y opta por luchar hasta el fin. Presionado por los parisinos, el gobierno es obligado a ensayar la resistencia, y el General Trochu, llega a organizar algunas escaramuzas, colocando deliberadamente a los soldados franceses en situación de desventaja frente a los enemigos.”
El 31 de octubre de 1870, una gran manifestación popular en París exige mejor organización de la resistencia, condena los entendimientos y el armisticio, reivindica elecciones y la formación y instalación de la Comuna. Esta tentativa acaba por fracasar en consecuencia de la falta de organización, de decisiones rápidas y centralizadas entre los insurrectos, por la falta de dirigentes reconocidos y respectados, y por no conseguir organizar un gobierno adecuado a las exigencias del momento. El General Trochu conseguí imponerse, captura a cerca de 60 insurgentes y pasa a la represión.
A pesar de todo, el proletariado no se inhibe y pasa a organizar la resistencia; por iniciativa popular, invaden las prisiones y libertan a los prisioneros políticos. Ante las necesidades organizativas urgentes, se inicia la organización del poder proletario, independiente del gobierno burgués-monárquico, que avanzaba en su pretensión de capitular ante de las tropas enemigas. En estos embates van surgiendo y confirmándose los líderes proletarios salidos de las clases trabajadoras.
Las clases dominantes (republicanos y monárquicos) recelosas y ante la osadía proletaria, pasan a establecer como enemigo principal no las tropas de ocupación, comandadas por Bismarck, sino al proletariado de París y de otras importantes ciudades, que demuestran no aceptar pasivamente la rendición
.
Las tropas prusianas, ante las divergencias entre el gobierno y el proletariado de París, que explícita el carácter y la forma en que se desarrolla la lucha de clases, aceptan suspender la guerra y negociar el armisticio; para esto, imponen como exigencia, la realización de elecciones para la formación de una Asamblea Nacional y un gobierno con “legitimidad” para firmar la rendición. Imponía el desarme de la Guardia Nacional, excepto de una división, y el acuerdo de los parisinos con la ocupación de dos fuertes de París por parte de las tropas prusianas. De este modo, la Contra-Revolución francesa, ahora de carácter internacional, se alia a la prusiana.
Algunos destacamentos de la Guardia Nacional, del Ejército regular y de marineros se resisten a entregar sus armas, a abandonar sus puestos y la defensa de París. En este contexto, la guerra civil, pasa de ser una posibilidad a algo real e inevitable. Sin embargo, para evitar la guerra civil y las provocaciones, los amotinados vuelven atrás, acatan los términos del armisticio y permiten la entrada de las tropas prusianas en París y la ocupación de los Campos Eliseos.

LAS ELECCIONES COMO FARSA

El pacto de capitulación, acordado con los prusianos, imponía la realización de elecciones en el plazo de 8 días. Para los franceses, era evidente que, con el armisticio y las elecciones, el gobierno, que se formara, difícilmente se decantaría por la resistencia y por la lucha contra las tropas de ocupación. Francia, antes de las elecciones, de cualquier debate y de la deliberación del nuevo gobierno aún por formar, se rendía sumiso a Bismarck, por decisión exclusiva de los sectores conservadores y reaccionarios.
Logrado el armisticio, el Gobierno de Defensa Nacional burgués-monárquico, convoca inmediatamente y bajo su total control, las elecciones a la Asamblea Nacional en el país entero. “En aquel momento, más de una tercera parte del territorio estaba en las manos del enemigo; la capital se encontraba aislada de las provincias y todas las comunicaciones estaban desorganizadas. En tales circunstancias, era imposible escoger una representación auténtica de Francia, a menos que se tuviera mucho tiempo para preparar las elecciones. Es por esto que el pacto de capitulación especificó que se debería escoger una Asamblea Nacional en el periodo de ocho días. Las noticias de realización de las elecciones no llegaron a muchos puntos de Francia hasta el día anterior. Además, según una cláusula del pacto de capitulación, la Asamblea debería ser escogida con el único objetivo de votación por la paz o por la continuación de la guerra y, eventualmente, para concluir un acuerdo de paz. La población no podría dejar de sentir que los términos del armisticio volvían imposibles la continuación de la guerra y que, para sancionar la paz impuesta por Bismarck, los peores hombres de Francia eran los más buenos”. (MARX, 1977: 186),
Estos hechos asociados al cerco de París, permiten libertad de acción y condiciones extremamente favorables para los conservadores y reaccionarios, que con la benevolencia de los prusianos, desarrollan por toda Francia, una gran campaña de calumnias contra los republicanos radicales, los socialistas y el proletariado parisino.
La Asamblea Nacional, electa de forma claramente antidemocrática, temiendo la revuelta parisiense, se reúne primero en Bordeaux y después en Versalles, eligen a Thiers , conocido monárquico legitimista, como jefe de gobierno, con atribuciones para establecer las condiciones de rendición de Francia a Prusia. Para concretar tal objetivo, tenía que reprimir y destruir la oposición y la revuelta de París.
Los parisienses, que procuraban organizar su propio gobierno, no rompen de inmediato con la Asamblea Nacional y el Gobierno en Versalles. Proponen negociar. Hacen dos reivindicaciones: la autonomía de París, con derecho a elegir sus representantes y gobernantes, y no aceptar la rendición incondicional antes de un debate nacional.
La Asamblea Nacional no acepta negociar. En actitud provocativa, transfiere formalmente, la Asamblea y el Gobierno a Versalles, suspende el pago del sueldo de la Guardia Nacional y de la ley de congelamiento y prorrogación del pago de las deudas y alquileres. Estas decisiones inocuas del gobierno versallés, permiten consolidar la unión del proletariado con la pequeña y la media burguesía parisina, y ampliar y fortalecer su disposición de resistencia.
La represalia y la intransigencia de Versalles provocan como contrapartida, el crecimiento de las ideas revolucionarias. Cada día el proletariado conquista nuevos apoyos, amplía su arsenal y fortalece la defensa de la ciudad. Thiers, intransigente y temeroso, comprende que ha llegado el momento de ocupar militarmente París, porque en pocos días, se haría imposible romper la resistencia y someter el proletariado, que se encontraba protegido por los muros, los fuertes y una topografía favorable.
En este sentido, el gobierno Thiers, considerándose representante de la contra-revolución francesa y europea, pasa a la represión y a exigir la capitulación de los parisienses y la entrega de las armas y cañones; al mismo tiempo, hace efectivos los preparativos para atacar y ocupar París. Incluso, establece negociaciones con Bismarck consiguiendo la liberación de los soldados franceses capturados en batallas anteriores.

LA INSURRECCIÓN LLEVA A LA
IMPLANTACIÓN DE LA COMUNA

El 18 de marzo, las tropas bajo las ordenes de Thiers, desencadenan la ofensiva contra-revolucionaria. Ocupan en la madrugada, las colinas de Montmartre, pero son sorprendidos por los populares, que no aceptan la retirada de los cañones. Ante el impasse y la irreductibilidad popular, el general comandante de las tropas, ordena, por dos veces, a los soldados disparar a la multitud, que no se acobardaba. Titubeando y ante del problema, los soldados se confraternizan con la población, permiten la captura y posterior fusilamiento del comandante y de otro oficial.
A partir de este acontecimiento, se rompía cualquier posibilidad de negociación con el Gobierno de Versalles. El proletariado y la Guardia Nacional ocupan París. Se inicia la organización de un nuevo gobierno, que quedó registrado con heroísmo y sangre en la historia de las luchas por una sociedad más justa e igualitaria, como la primera tentativa de gobierno proletario-popular.
“La Comuna de París, en que pese al poco tiempo que permitió a los obreros tener en sus manos el poder del Estado, por primera vez, cumplió su destino histórico. Permitió a los estudiosos del socialismo que percibieran que ningún nuevo poder se establece sin que la maquinaria estatal-burocrática que sostenía el poder anterior sea completamente destruida. Y mostró también, a pesar de todas las protestas que repercute de entre los defensores de la “democracia” burguesa, que el grado de ferocidad patrocinado por el poder burgués después de la derrota de la Comuna fuese diez veces mayor del observado en de la toma del poder por los communards. (CAMPOS FILHO, 1999: 6).
La Comuna de París de 1871 fue derrotada militarmente, aunque no política e históricamente. Es un acontecimiento que significa un viraje cualitativo en el proceso revolucionario en el mundo moderno, pues por primera vez en la historia, el proletariado mostró la posibilidad de destrucción de la sociedad burguesa, que aún se afirmaba como hegemónica, y la construcción de una nueva sociedad más igualitaria y fraterna.
“Lo que la hace cualitativamente superior es el hecho de que, por primera vez, el proletariado toma el poder y dirige la sociedad, demostrando, en la práctica, la posibilidad concreta de la existencia de una sociedad sin explotadores y explotados, creando un nuevo tipo de Estado representativo de los trabajadores
. Este Estado que se creó en la Comuna fue el embrión de aquel que surgiría después, conforme preveía Engels al escribir que “en realidad el Estado no es más que una maquinaria para la opresión de una clase a otra, tanto en la República democrática como bajo la monarquía; en el mejor de los casos, un mal que se transmite hereditariamente al proletariado triunfante en su lucha por la dominación de clase. Como lo hace la Comuna, el proletariado victorioso no puede dejar de amputar inmediatamente en la medida del posible, los aspectos más nocivos de ese mal, hasta que una futura generación, formada en circunstancias sociales nuevas y libres posa deshacerse de todo de ese viejo lastre del Estado.” (MOURA, 1991: 50)
Actualmente, cuando los medios de comunicación monopolizados y al servicio de los intereses burgueses critican a los gobiernos populares y de izquierda, acusándolos de antidemocráticos y de no respetar los derechos humanos, lo hace con el objetivo de crear un sentimiento público favorable a la “democracia liberal”, que se presenta como desvinculada de la violencia cotidiana provocada por las guerras, el hambre, la explotación de la mano de obra de millones de niños, la prostitución de millones de niñas, etc., en fin, provocada como consecuencia de la manutención de una sociedad basada en la injusticia social. Aún hoy, como hace más de un siglo, las reivindicaciones de los communards, de libertad, igualdad y fraternidad, efectivamente reales, igual que sus ideales, continúan presentes, aunque no sea en grandes manifestaciones, en las calles, en las oficinas, en las fábricas, en las universidades, en algunos partidos de izquierda, y podrán proporcionar la savia que lleva a la construcción de una nueva sociedad.

Madrid, invierno/2001.

BIBLIOGRAFÍA

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(*) . Autorizada la reproducción (impresión y publicación) integral o de cualquier ensayo. En caso de publicación, se solicita la gentileza de comunicárselo al autor y de enviarle copia. Contactos por E-mail: silviocostabrasil@hotmail.com o silvio.costa@terra.com.br
(**) . Profesor de Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Goiás (Brasil). Doctorando en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de Tendências e Centrais Sindicais: o movimento sindical brasileiro de 1978 a 1994 (1995); Comuna de París: o proletariado toma o céu de assalto (1998), y Revolução e Contra-Revolução na França (1999), publicados en Brasil, por las Editoriales de la Universidad Católica de Goiás (Goiânia) y Anita Garibaldi (São Paulo). Es organizador de: Estado e poder político: do realismo político à radicalidade da soberania popular (1998. Editorial de la Universidad Católica de Goiás) y Concepções e formação do Estado brasileiro (1999. Editorial Anita Garibaldi). E-mail: silviocostabrasil@hotmail.com

SILVIO COSTA**

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2 Responses to EL PROLETARIADO INTENTA TOMAR EL CIELO POR ASALTO

  1. Alex dice:

    i`m like history! Thanks!

  2. abscissae dice:

    Abscissae says : I absolutely agree with this !

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